¿Recuerdan Tesis o Mar adentro, Abre los ojos o The Others (Los otros)? Son obras del mismo director, Alejandro Amenábar, quien nació en Chile en 1972, pero desde muy pequeño y debido a la dictadura pinochetista viajó con su familia a España, en donde se estableció desde entonces. Su última película es Ágora y no es la mejor, pero no es tan mala.
Estamos en el siglo IV d. C. en Alejandría (Egipto), la famosa biblioteca de la ciudad es custodiada por un grupo religioso politeísta, cuyo personaje más interesante -y el de toda la película- es una mujer filósofa, Hipatia, astrónoma y matemática, con existencia histórica y cuya dedicación al pensamiento es resaltada en el filme.
La película nos lleva al nacimiento del cristianismo, que pasa de ser una religión de perseguidos a ser una religión de estado en el decadente imperio romano. Lo lamentable, según se muestra, es la manera en la que el fanatismo religioso y la lucha por el poder son de las peores mezclas posibles, algo así como vodka con tequila.
Adoradores de los viejos dioses, judíos y cristianos no pueden convivir en paz y es difícil determinar qué grupo es más sanguinario; lo cierto es que al final son los cristianos los crueles vencedores y sienten como una afrenta el libre pensamiento y la no-afiliación a sus ideas; más aún, si quien los encara es una mujer inteligente, esto ya es, para ellos, imperdonable.
En fin, barbarie e intolerancia y dan ganas de decir: ¡bendito sea el estado laico!; aunque uno no comulgue con las bendiciones.
Estamos en el siglo IV d. C. en Alejandría (Egipto), la famosa biblioteca de la ciudad es custodiada por un grupo religioso politeísta, cuyo personaje más interesante -y el de toda la película- es una mujer filósofa, Hipatia, astrónoma y matemática, con existencia histórica y cuya dedicación al pensamiento es resaltada en el filme.
La película nos lleva al nacimiento del cristianismo, que pasa de ser una religión de perseguidos a ser una religión de estado en el decadente imperio romano. Lo lamentable, según se muestra, es la manera en la que el fanatismo religioso y la lucha por el poder son de las peores mezclas posibles, algo así como vodka con tequila.
Adoradores de los viejos dioses, judíos y cristianos no pueden convivir en paz y es difícil determinar qué grupo es más sanguinario; lo cierto es que al final son los cristianos los crueles vencedores y sienten como una afrenta el libre pensamiento y la no-afiliación a sus ideas; más aún, si quien los encara es una mujer inteligente, esto ya es, para ellos, imperdonable.
En fin, barbarie e intolerancia y dan ganas de decir: ¡bendito sea el estado laico!; aunque uno no comulgue con las bendiciones.
