Jacques Derrida. Una biografía, libro del académico inglés Jason Powell no es estrictamente una biografía, sino una introducción al complicado pensamiento del filósofo Jacques Derrida (Argelia 1930-Francia 2004). Y como se trata de una introducción, ya que conozco poco la obra textual de Derrida -a más de un par de textos que no sé si entendí bien- me es difícil juzgar , sobre todo en algunos aspectos, si el intérprete (Powell) es fiel a la filosofía del crítico francés.
Confío en que haya sido así, aunque eso de la fidelidad a una obra, con Derrida, parece ponerse en entredicho, pues estamos ante un filósofo, o pensador, o crítico literario, que se destaca, sobre todo, por haber invitado a partir de la llamada "deconstrucción" -que no es una escuela o sistema, sino una práctica textual o práctica de lectura- a repensar toda la tradición filósofica occidental, a la que el mismo Derrida llama "logocentrismo", ya que está basada en cierto sistema de pensamiento condicionado por hábitos de nuestro lenguaje y nuestra conciencia, sin haber comprendido, siquiera, si las palabras que usamos para pensar tienen una base sólida.
Espero estar explicándome. Derrida propone, criticando de entrada nuestra noción del lenguaje, o la que arranca con el suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913), que el significado de una palabra (o significante) no es una imagen mental, sino otro significante u otra palabra. Es decir, a la palabra "árbol", por ejemplificar, no corresponde sólo una imagen de un árbol; sino que la definimos siempre con otras palabras ("árbol: planta perenne, de tronco leñoso y elevado que se ramifica a cierta altura del suelo". Ésta es la primera definición para "árbol" que da la Real Academia), que a su vez sólo pueden ser entendidas por otras palabras ("planta: ser órganico que crece...", "perenne: continuo, incesante...", "tronco: tallo fuerte y macizo...", "leñoso: que tiene dureza y consistencia..."...) y así hasta el infinito. Y lo mismo ocurre para palabras como "ser" o "Dios" o lo que quieran.
De lo anterior, y estoy simplificando al extremo, Derrida propone que una palabra es siempre diferente a otra, claro está, y por eso las diferenciamos; sin embargo, su significado completo nos es inaccesible, pues cada palabra sólo tiene un significado diferido o postergado, por esa otra cadena de palabras que nos es inasible. O como lo expresa el mismo Powell: "Las palabras no significan, simplemente separan el Ser de la Nada y cada cosa de cualquier otra cosa". Por lo anterior, sólo tenemos "huellas" del significado, huellas que a pesar de todo hay que seguir; pues mal haríamos en dejar de pensar.
Esta reflexión sobre la palabra -a la que se llama différance (neologismo francés que significa diferencia y diferido) y que es un concepto clave en la obra de Derrida-, es sólo el punto de partida para analizar o "deconstruir" algunos textos clásicos de la filosofía o la literatura occidental, ya se trate de Platón o Rousseau; o simplemente, se trate de conceptos muy manoseados, pero poco entendidos, tales como "ley", "justicia", "perdón", "libertad"... La práctica de la deconstrucción consiste en repensar los conceptos que damos como válidos; esto es, hay una problematización de las palabras en las que se sostiene determinado texto. Y no sé si Derrida es revolucionario en la filosofía, lo que sí me parece, es que estamos ante un pensador original.
Derrida se halla muy cercano a la filosofía de los alemanes Edmund Husserl, Martin Heidegger y Friedrich Nietzsche; y quizá más a Heidegger que a ningún otro. Por otra parte, también destaca la obra de Freud en su pensamiento; pues hay quien sostiene que Derrida se encarga de hacerle un psicoanálisis a la filosofía occidental.
Una de las críticas que se hacen a Derrida es el hecho de que aún moviéndonos entre huellas o espectros del mundo, no se puede mantener una posición neutral en la filosofía o en un acercamiento a determinado texto, pues Derrida elige unos textos y no otros para "deconstruirlos" y unos pasajes y no otros... Aunque el mismo Derrida parece haber sabido esto y en su desarrollo intelectual pasó de una aparente neutralidad en su filosofía a una toma de posición en cuanto a la ética e incluso en la religión, aspectos también interesantes y no desdeñables en el conjunto de su producción.
Por último, y esto fue lo que me llevó a Derrida, éste influyó notablemente en la llamada Escuela de (la universidad) Yale, ese animado grupo de críticos literarios norteamericanos, abanderados de la deconstrucción, y que dieron mucho de qué hablar en su área específica, la literatura, a partir de la última etapa del siglo XX y hasta nuestros días. Me refiero a autores como Joseph Hillis Miller, Paul De Man y Harold Bloom, entre otros.
La obra de Powell, entonces, es muy recomendable si uno quiere ubicarse en el contexto histórico-filosófico en el que se desarrolla la obra derrideana y conocer las líneas generales de este pensamiento.
Jason Powell, Jacques Derrida. Una biografía, Valencia, Universitat de València, 2008, 282 páginas de texto + casi otras 20 páginas que incluyen índices y una bibliografía muy completa de los libros de (y sobre) Derrida publicados en francés, inglés y español.
Confío en que haya sido así, aunque eso de la fidelidad a una obra, con Derrida, parece ponerse en entredicho, pues estamos ante un filósofo, o pensador, o crítico literario, que se destaca, sobre todo, por haber invitado a partir de la llamada "deconstrucción" -que no es una escuela o sistema, sino una práctica textual o práctica de lectura- a repensar toda la tradición filósofica occidental, a la que el mismo Derrida llama "logocentrismo", ya que está basada en cierto sistema de pensamiento condicionado por hábitos de nuestro lenguaje y nuestra conciencia, sin haber comprendido, siquiera, si las palabras que usamos para pensar tienen una base sólida.
Espero estar explicándome. Derrida propone, criticando de entrada nuestra noción del lenguaje, o la que arranca con el suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913), que el significado de una palabra (o significante) no es una imagen mental, sino otro significante u otra palabra. Es decir, a la palabra "árbol", por ejemplificar, no corresponde sólo una imagen de un árbol; sino que la definimos siempre con otras palabras ("árbol: planta perenne, de tronco leñoso y elevado que se ramifica a cierta altura del suelo". Ésta es la primera definición para "árbol" que da la Real Academia), que a su vez sólo pueden ser entendidas por otras palabras ("planta: ser órganico que crece...", "perenne: continuo, incesante...", "tronco: tallo fuerte y macizo...", "leñoso: que tiene dureza y consistencia..."...) y así hasta el infinito. Y lo mismo ocurre para palabras como "ser" o "Dios" o lo que quieran.
De lo anterior, y estoy simplificando al extremo, Derrida propone que una palabra es siempre diferente a otra, claro está, y por eso las diferenciamos; sin embargo, su significado completo nos es inaccesible, pues cada palabra sólo tiene un significado diferido o postergado, por esa otra cadena de palabras que nos es inasible. O como lo expresa el mismo Powell: "Las palabras no significan, simplemente separan el Ser de la Nada y cada cosa de cualquier otra cosa". Por lo anterior, sólo tenemos "huellas" del significado, huellas que a pesar de todo hay que seguir; pues mal haríamos en dejar de pensar.
Esta reflexión sobre la palabra -a la que se llama différance (neologismo francés que significa diferencia y diferido) y que es un concepto clave en la obra de Derrida-, es sólo el punto de partida para analizar o "deconstruir" algunos textos clásicos de la filosofía o la literatura occidental, ya se trate de Platón o Rousseau; o simplemente, se trate de conceptos muy manoseados, pero poco entendidos, tales como "ley", "justicia", "perdón", "libertad"... La práctica de la deconstrucción consiste en repensar los conceptos que damos como válidos; esto es, hay una problematización de las palabras en las que se sostiene determinado texto. Y no sé si Derrida es revolucionario en la filosofía, lo que sí me parece, es que estamos ante un pensador original.
Derrida se halla muy cercano a la filosofía de los alemanes Edmund Husserl, Martin Heidegger y Friedrich Nietzsche; y quizá más a Heidegger que a ningún otro. Por otra parte, también destaca la obra de Freud en su pensamiento; pues hay quien sostiene que Derrida se encarga de hacerle un psicoanálisis a la filosofía occidental.
Una de las críticas que se hacen a Derrida es el hecho de que aún moviéndonos entre huellas o espectros del mundo, no se puede mantener una posición neutral en la filosofía o en un acercamiento a determinado texto, pues Derrida elige unos textos y no otros para "deconstruirlos" y unos pasajes y no otros... Aunque el mismo Derrida parece haber sabido esto y en su desarrollo intelectual pasó de una aparente neutralidad en su filosofía a una toma de posición en cuanto a la ética e incluso en la religión, aspectos también interesantes y no desdeñables en el conjunto de su producción.
Por último, y esto fue lo que me llevó a Derrida, éste influyó notablemente en la llamada Escuela de (la universidad) Yale, ese animado grupo de críticos literarios norteamericanos, abanderados de la deconstrucción, y que dieron mucho de qué hablar en su área específica, la literatura, a partir de la última etapa del siglo XX y hasta nuestros días. Me refiero a autores como Joseph Hillis Miller, Paul De Man y Harold Bloom, entre otros.
La obra de Powell, entonces, es muy recomendable si uno quiere ubicarse en el contexto histórico-filosófico en el que se desarrolla la obra derrideana y conocer las líneas generales de este pensamiento.
Jason Powell, Jacques Derrida. Una biografía, Valencia, Universitat de València, 2008, 282 páginas de texto + casi otras 20 páginas que incluyen índices y una bibliografía muy completa de los libros de (y sobre) Derrida publicados en francés, inglés y español.
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