Si cerca de las elecciones del año 2000 en México, La ley de Herodes de Luis Estrada (México, 1962) aún encontraba un público harto del priísmo; pero esperanzado en el "cambio" foxista, Infierno, diez años después, encuentra a un país en donde lo cómico, como pasa en la película, termina siendo espantosamente real.
De las payasadas y estupideces de Vicente Fox, pasamos a la irresponsabilidad y al lenguaje acartonado de Felipe Calderón; uno que despreció la oportunidad histórica y el otro que desprecia a la realidad, afirmando, con propaganda e impactos mediáticos que el problema del narcotráfico se está resolviendo. Sabemos que no es así e Infierno con un lenguaje directo está ahí para que lo recordemos.
El filme es largo (145 m), y cansa, pero porque la mayor sorpresa con la que nos enfrentamos es la realidad; realidad que ha terminado por fastidiarnos con su injusticia y su corrupción; aunque, no obstante, es probable que esta sociedad, harta de todo esto, vuelva a su etapa priísta y probablemente, espero con sinceridad que no, el fijador de cabello de Peña Nieto deslumbre el monitor de los incautos durante el próximo sexenio; y todo porque no hemos sabido organizarnos como sociedad para acabar con nuestros grandes males. ¿Nos lo merecemos? Yo diría que no; pero la democracia aun siendo el mejor camino también tiene estos escollos que no hemos sabido cruzar de la mejor manera.
Muy recomendable película, con un guiño a los absurdos de los excesivos festejos bicentenarios, en donde las actuaciones, con Damían Alcázar en el papel principal y rodeado por una memorable plantilla, son estupendas.
De las payasadas y estupideces de Vicente Fox, pasamos a la irresponsabilidad y al lenguaje acartonado de Felipe Calderón; uno que despreció la oportunidad histórica y el otro que desprecia a la realidad, afirmando, con propaganda e impactos mediáticos que el problema del narcotráfico se está resolviendo. Sabemos que no es así e Infierno con un lenguaje directo está ahí para que lo recordemos.
El filme es largo (145 m), y cansa, pero porque la mayor sorpresa con la que nos enfrentamos es la realidad; realidad que ha terminado por fastidiarnos con su injusticia y su corrupción; aunque, no obstante, es probable que esta sociedad, harta de todo esto, vuelva a su etapa priísta y probablemente, espero con sinceridad que no, el fijador de cabello de Peña Nieto deslumbre el monitor de los incautos durante el próximo sexenio; y todo porque no hemos sabido organizarnos como sociedad para acabar con nuestros grandes males. ¿Nos lo merecemos? Yo diría que no; pero la democracia aun siendo el mejor camino también tiene estos escollos que no hemos sabido cruzar de la mejor manera.
Muy recomendable película, con un guiño a los absurdos de los excesivos festejos bicentenarios, en donde las actuaciones, con Damían Alcázar en el papel principal y rodeado por una memorable plantilla, son estupendas.
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