¿Qué son los sueños? Al menos esta película me ha llevado a reflexionar nuevamente sobre el tema: ¿son el subconsciente, deseos no cumplidos o sólo el residuo de la actividad cerebral que por la noche se mezcla indiscriminadamente? ¿Son la constancia de que nosotros mismos -no olvidemos a Shakespeare y a Calderón- somos el sueño de alguien más? No lo sé, pero resulta fascinante explorar el tema; por esto mismo, a más de quedarme con las ganas en la creación de espacios oníricos más originales y fantasiosos durante el filme, no puedo decir que no vi una película interesante, al menos durante una hora y media de las dos y media que dura la cinta.
Di Caprio (ese niño con bigote) y su equipo entran en la mente (en los sueños) de un hombre dispuestos a inseminarle una idea que cambie su vida. Esta motivación que dirige la historia no me convence; pero hay otro relato en el fondo, más inquietante, una historia de amor y culpa que me lleva a enlazar esta película con la hipermelancólica Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos) del más creativo Michel Gondry.
Al final, uno sale del cine con una profunda sensación de irrealidad, y esto me parece bien, pues hemos entrado al pacto ficcional con uno de los tantos otros mundos posibles que nos ofrecen las historias.
Di Caprio (ese niño con bigote) y su equipo entran en la mente (en los sueños) de un hombre dispuestos a inseminarle una idea que cambie su vida. Esta motivación que dirige la historia no me convence; pero hay otro relato en el fondo, más inquietante, una historia de amor y culpa que me lleva a enlazar esta película con la hipermelancólica Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos) del más creativo Michel Gondry.
Al final, uno sale del cine con una profunda sensación de irrealidad, y esto me parece bien, pues hemos entrado al pacto ficcional con uno de los tantos otros mundos posibles que nos ofrecen las historias.
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